La sala de juntas en Roma permanecía en una tensión contenida. Las palabras de Vittorino aún resonaban. Y Alejandra, por primera vez, había quedado sin respuesta inmediata. El consejo se preparaba para deliberar cuando la puerta se abrió. El sonido fue suave. . . pero suficiente Todas las miradas se dirigieron hacia la entrada.
Alli estaba Amanda y Alice. La presencia no fue abrupta. Fue firme. Segura.
Amanda caminó hacia el centro de la sala sin prisa, sin mirar a Alejandra, sin buscar aprob