Los días habían pasado con una rutina distinta. Desde Nápoles, Vittorino no fallaba una sola noche. Una llamada. A la misma hora.
Primero con Santi… luego con Amanda. A veces hablaban mucho. A veces poco. Pero siempre estaban. Y eso… empezaba a cambiar algo.
El aeropuerto en Napoles estaba lleno de movimiento aquella mañana. Maletas, anuncios, pasos apresurados. Pero para Vittorino… todo parecía más lento.
Alice estaba a su lado, observándolo en silencio.
—Estás nervioso —dijo con una leve sonr