La tarde en Barcelona había caído con calma.Dentro de la casa, todo estaba en silencio. Santi dormía profundamente su pequeña siesta después de jugar con Fram y Vittorino por más de una hora, junto a Vittorino con la cabeza apoyada en el regazo de del padre.
Amanda se había retirado a terminar los informes que debía entregar a Fram. Y en la sala… solo quedaban dos. Vittorino y Fram.
El sonido lejano de la ciudad entraba suavemente por la ventana abierta. Durante unos segundos, ninguno habló, se