El avión avanzaba sobre el cielo de Napoles con rumbo a Barcelona. Desde su asiento junto a la ventanilla, Santi observaba en silencio el paisaje que se extendía bajo las nubes. Cuando el piloto anunció que sobrevolaban Nápoles, el niño se inclinó un poco más hacia el cristal.
La ciudad aparecía diminuta desde lo alto, bañada por la luz del día, rodeada por el mar que brillaba como plata líquida. Aquella vista despertó un recuerdo reciente… un momento compartido con su padre.
Sus ojos se humede