La casa estaba más silenciosa de lo habitual. No era el silencio normal de la tarde, cuando todos descansaban un poco después de comer. Era un silencio distinto… uno que parece esconder algo.Santi lo notó de inmediato.
Había heredado esa sensibilidad de Amanda, su mama: a su corta ede tenia la capacidad de percibir cambios en las voces, en los gestos, en el aire mismo. Y esa tarde, mientras jugaba en la sala con unos bloques de construcción, levantó la vista y vio a su abuela Alice que caminaba hasta el ventanal, luego hasta la puerta del salón y sentaban en el gran sillón para al rato levantarse y volver a repeitr su caminata. Cuando observo que se sentó en el sofá, con las manos juntas, la mirada perdida y una sonrisa que no le llegaba a los ojos. Él frunció el ceño y se quedo mirando a su abuela detalladamente queriendo ver que le pasaba, el recordó la conducta de su abuela.
Cuando ella estaba preocupada, hacía tres cosas: hablaba menos, suspiraba más y ordenaba objetos que no estab