Una hora más tarde, Amanda estaba sentada al borde de la piscina, leyendo un libro, completamente sola en la alberca. Alice se había llevado a Santi y a un grupo de amigos a pasar el día a la playa. Vitto le había dicho que iba a pasar el día en su estudio, trabajando un poco.
No había nada de especial en aquellos acontecimientos pero, por alguna razón, Amanda no podía concentrarse en el libro. Después de nadar un poco en la alberca, había esperado caer agotada en la hamaca, pero no fue así.
Se sentía tensa. No dejaba de mirar al cielo, como si esperara que se desatara una tormenta, lo que explicaría la extraña tensión que la atenazaba.
Pero no había rastro de nubes en el cielo azul. Al final, decidió regresar a la casa, darse una ducha y vestirse para bajar a Nápoles para matar el tiempo.
Se había secado por completo y estaba aplicándose una crema en uno de sus esbeltos muslos cuando la puerta del cuarto de baño se abrió de repente.
Completamente desnuda y con un pie en la banqueta d