La cena de aquella noche había terminado fue una tortura que Amanda tuvo que superar. Tuvo que comer, los ravioles con almejas que no le gustan para nada; uno de los cambios de Alejandra le toco que sonreír para sobrellevar la situación y plantear una conversación con Alejandra inocua cuando no quería hacerlo.
Mientras tanto, Vitto solo miraba sin tratar de intervenir en la conversación para nada como si nada pasara, la doble intención de Alejandra quedaba oculta con su gran amabilidad y sonrisas falsas.
Ella no sabía si culparlo por ello. Debajo de aquel relajado exterior, se sintió tan tensa que casi le dolía. Durante toda la tarde, había estado evitándolo constantemente desde que regresaron. Si él entraba en una habitación, ella salía. Si quería hablar con ella, pretendía no oírlo. Incluso durante la cena evitó completamente mirarlo.
Sin embargo, aquello no significaba que ella no fuera consciente de la tensión que lo atenazaba a él ni de la palidez que tenía en el rostro, le preocu