La noche se extendía densa y silenciosa en Villa Giordani, pero en la mente de Amanda todo era un torbellino. Se removía entre las sábanas, incapaz de encontrar la calma. Cerraba los ojos, pero las palabras de Alejandra volvían a su mente con la fuerza de una daga afilada.
"Vitto está conmigo, nunca ha dejado de estarlo."
Se odiaba a sí misma por permitir que aquellas palabras le afectaran tanto. Alejandra era una arpía, una experta en manipulación, pero el miedo y los celos la estaban consumiendo. Y lo peor de todo era que Vitto no ayudaba en nada. Sus miradas, sus gestos ambiguos, su cercanía… la hacían sentir vulnerable, encendida y al mismo tiempo furiosa.
Frustrada, se levantó de la cama y se dirigió al baño. Abrió la ducha y dejó que el agua fría recorriera su piel, intentando sofocar el fuego que ardía dentro de ella. Pero ni siquiera el agua helada podía apagar lo que su cuerpo sentía.
Se envolvió en una bata de seda y, sin pensarlo demasiado, salió al balcón. La brisa nocturna