La noche en Villa Giordani prometía ser especial. Alice había planeado la cena con esmero, con la intención de celebrar la reconciliación de su hijo Vitto y Amanda. Sin embargo, Alejandra, con su inconfundible astucia, se había asegurado de dejar su huella en la velada.
Horas antes, había manipulado las órdenes de los proveedores, cambiando los platos seleccionados por Alice por otros menos apropiados para la ocasión. También había extendido invitaciones a algunos empleados problemáticos de la empresa, con la excusa de que la señora Giordani quería que todos compartieran la alegría familiar.
Cuando la noche llegó, Villa Giordani estaba llena de murmullos y risas, pero la tensión era palpable en ciertos rincones. Alice, visiblemente contrariada, trataba de disimular su molestia mientras los meseros se apresuraban a corregir los errores en la disposición de los platos y bebidas.
Amanda, al notar el ambiente extraño, susurró a Vitto:
—¿Tu madre realmente quería que esta cena fuera así? Ha