Esa tarde y tal cual, como lo previó mi madrina, fuimos donde la modista. Doña Leticia era una de las costureras más respetadas de la región: una mujer de mundo cuyos gustos eran exquisitos. Sus telas llegaban de París y sus obras de arte nada tenían que envidiar a los vestidos modernos de alta costura. La dama nos recibió con amabilidad, nos invitó a tomar el té mientras mi madrina le explicaba cómo quería el traje. Leticia le mostró varios bocetos: vestidos realmente hermosos de la última mod