MOLESTIAS A FLOR DE PIEL.
La charla amena continuó rumbo a la mansión; entre pláticas, Arturo me había contado cómo había conocido a los agradables amigos que nos habían interpretado una canción y de las veces que Ébano le ocasiono fracturas a Daniel. Continuó con las narraciones de sus viajes, mientras yo permanecía en silencio; prefería mil veces oír su voz que la mía, que sonaba a agonía. Sin darnos cuenta ya estábamos en la mansión; antes de entrar me di nuevamente valor para preguntarle por el relicario, debía hac