MI SANGRE EN TU BOCA.
Sus manos se aferraron a mi cuerpo, mientras aquella sangre entraba en mi garganta sin que pudiera evitarla. Poco a poco fui recuperando la movilidad y empecé a forcejear, aquella cosa me agarró de las manos y las inmovilizó a ambos lados.
—¡Mira a través de mí! —me ordenó. Yo continué luchando; no obstante, lo que me dio de beber me sumió en un sueño más profundo en el que las imágenes cobraban vida. Uno de mis recuerdos fue de un sueño pasado: la visión del hombre que viajaba en un barco