INGLATERRA.
Otro país, otra cultura y yo: una extraña entre aquellas personas. Habíamos desembarcado en Londres a las 1:00 de la madrugada. Experimenté un estado de tranquilidad impresionante cuando sentí la tierra inmóvil, bajó mis pies, lo que me permitió expresar mi descontento con los barcos. Clemente Salazar aprovechó para despedirse de nosotros mientras sus hombres bajaban nuestras pertenencias, luego se alejó con Arturo; vi cuando mi esposo le entregaba una bolsa llena de monedas, Salazar la tomó,