DESESPERO.
Momentos más tarde.
A duras penas había logrado calmarme, el ir y venir del barco me hizo sentir mareado, Mariana me extendió un vaso con agua, lo tomé y me acerqué a cubierta; sentía que de un momento a otro iba a vomitar, me repuse rápidamente cuando sentí la presencia de Salazar.
—¿Es la primera vez que viaja? —inquirió, ya cerca de mí.
—Sí —respondí en voz baja.
—No se preocupe, condesa —me dijo como si leyese mis pensamientos—. Su esposo es un hombre audaz que consigue todo lo