ANASTASIA REINA SIN ALMA.
Al descender, quede más sorprendida. La propiedad estaba llena de grandes árboles de pinos, y en todo el centro, un lago artificial adornaba gran parte del jardín principal; todo era asombroso e imponente. La propiedad era tan grande que mi visión se perdía ante tanta inmensidad, y en realidad no sé dónde empezaba y dónde terminaba; tuve la sensación de que la riqueza de Arturo también procedía de su madre.
—Un paraíso —susurré, entonces pensé que la mente creadora de ese jardín tenía que