La mañana parecía estar tranquila, Clara tarareaba algo mientras servía los platos, y Leonardo hojeaba un informe con el ceño ligeramente fruncido.
—¿Otra vez trabajando a esta hora? —bromeó Clara, dejando la jarra de jugo sobre la mesa—. ¿No se supone que el desayuno es sagrado?
Leonardo levantó la mirada, sonrió apenas y cerró la carpeta. —Solo estaba revisando un par de pendientes. Prometo que no volveré a hacerlo… al menos hasta el segundo café.
Ana lo observó desde su asiento. Llevaba días