El aroma a café recién hecho impregnaba el aire, mezclado con el tenue murmullo de los cubiertos sobre la vajilla. El sol se filtraba por las cortinas del enorme comedor, llenando el ambiente de una calidez que contrastaba con la noche anterior.
Ana se sentó frente a la mesa, todavía con el cabello húmedo por la ducha. Había dormido poco, aunque no quería admitirlo. La imagen de Leonardo abrazándola seguía dando vueltas en su cabeza, como una escena grabada en la piel. Intentó concentrarse en e