El sonido de la puerta al abrirse hizo despertar a Ana, parpadeó un par de veces antes de darse cuenta de que seguía en el sofá, con la cabeza recostada sobre el hombro de Leonardo. Clara había entrado sin hacer ruido, cerrando con cuidado detrás de sí y dejando las llaves sobre la mesa.
—¿Y esto? —preguntó con una sonrisa traviesa al verlos juntos—. ¿Me perdí de algo anoche?
Ana se incorporó sobresaltada.
—¡Clara! No… no es lo que piensas.
Leonardo abrió los ojos lentamente, confundido por el