El silencio en la casa esa noche era diferente. No era el silencio pesado que Ana había conocido tantas veces, ese que presionaba y comprimía cada espacio, sino uno más ligero, casi liberador.
Martín no estaba. No era la primera vez que se quedaba fuera, pero aquella vez había algo distinto: un alivio que recorrió el cuerpo de Ana desde los pies hasta la cabeza, como si por primera vez pudiera respirar sin la amenaza constante de su presencia.
Se sentó en su cama, abrazando las rodillas, mientr