Raíces Visibles
El día del taller amaneció envuelto en un silencio poco común.
El cielo, limpio como una tela recién lavada, parecía bendecir lo que estaba por venir.
Pedro se despertó antes que todos y se dirigió al porche con un cuaderno en las manos.
Se sentó en el escalón de madera, con los pies descalzos sobre el fresco suelo matutino, y respiró hondo.
El aroma de la lavanda recién regada y del café que Jasmine ya empezaba a preparar lo envolvía como un abrazo invisible.
Poco después, la p