Cicatrices de la Tierra
La calma de los días siguientes al taller parecía un premio silencioso.
La finca respiraba con más firmeza, como si, de algún modo, hubiera sido lavada por dentro.
Los senderos de tierra se sentían más livianos bajo los pies, las plantas vibraban con más color, e incluso los animales parecían compartir esa paz discreta que se esparcía por la casa.
Pero bastó una sola llamada para que todo se estremeciera.
Era al final de la tarde. El cielo ya adquiría tonos ámbar cu