El Camino al Almacén
El sol aún no había alcanzado el punto más alto del cielo cuando Jasmine sacó el viejo carro del galpón. La madera crujía bajo el peso de los quesos, bien envueltos en paños de algodón y cestas cerradas con esmero. Pedro, con las mangas de la camisa arremangadas y las manos aún manchadas por la reforma del granero, ayudaba a acomodar los productos con el cuidado de quien trata algo precioso.
—¿Estás realmente decidida a ir al almacén hoy? —preguntó, apretando las cuerdas.
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