Al día siguiente en el apartamento todo estaba en silencio, interrumpido solo por el sonido de las cremalleras y el roce de las cajas contra el suelo. Ana doblaba cuidadosamente sus batas médicas, sus libros, sus pequeños objetos personales. Alejandro la observaba desde el marco de la puerta, con una mezcla de ternura y atención.
—¿Estás segura de que no olvidas nada? —preguntó, acercándose con una taza de café.
Ana sonrió, tomando la taza. —Solo lo esencial. Lo demás… puede esperar. Hubo un mo