Jhoss
La mañana había llegado con una calma inquietante, pero para mí, el reloj parecía haber detenido su marcha. Mi cuerpo seguía agotado, arrastrado por la pesadez del dolor y la confusión que habían marcado las últimas horas. No había logrado dormir, mis pensamientos estaban tan desordenados que ni siquiera podía cerrar los ojos por más de unos minutos. La imagen de Mónica, conectada a máquinas, luchando por su vida, no se borraba de mi mente. Era una tortura que me carcomía desde dentro.
Me