Mónica
La noche había sido tranquila hasta ese momento, o eso pensé. Estaba profundamente dormida, agotada por el peso del día, cuando un dolor punzante me atravesó el vientre, arrancándome del sueño. Me incorporé de golpe, jadeando, y al mirar hacia abajo, sentí cómo el pánico me invadía: había sangre en las sábanas.
—¡No, no, no! —grité, temblando mientras intentaba levantarme.
Mis manos temblaban tanto que apenas pude agarrar mi teléfono. Solo había una persona a la que podía llamar en ese m