Jhoss
El reloj en la pared parecía avanzar a un ritmo interminable, cada tictac resonando en mi cabeza como si me estuviera clavando agujas. Habían pasado horas, tal vez días, desde que Mónica había sido ingresada en la clínica, pero su estado seguía siendo crítico. Y yo, aquí, sentado en una sala fría, me sentía incapaz de hacer nada. Solo esperaba, con la respiración entrecortada y el corazón pesado, algún tipo de mejora, algún tipo de milagro.
La puerta se abrió de repente, y la doctora que