Mónica
Habíamos tenido unos días de paz. Días tranquilos, llenos de pequeños momentos de felicidad que atesoré como si fueran oro. No podía evitar sentirme agradecida por cada sonrisa, por cada instante que Jhoss compartía con nosotras a pesar de su fragilidad. Esa noche, nuestro aniversario, quise que fuera especial.
Habíamos organizado una cena íntima, rodeados de amigos cercanos, compañeros de su empresa, Nicolás, y su madre. Jhoss insistió en que todo debía ser perfecto. Aunque su cuerpo le