Mónica
Cuando finalmente me dejaron entrar a la habitación, mis pasos eran pesados, como si llevara el peso de todo el mundo sobre mis hombros. El aire parecía más denso, cargado de tristeza y desesperación. Jhoss estaba ahí, sentado en la cama del hospital, mirando hacia la ventana. Su perfil, que siempre me había parecido tan fuerte y seguro, ahora se veía más delgado, más frágil. La luz que entraba por la ventana iluminaba su rostro de una manera casi cruel, resaltando el cansancio en sus oj