Jhoss
La tarde estaba tranquila, y la casa se sentía demasiado silenciosa sin las risas de Mónica y nuestra hija llenándola. Ellas habían salido con mi madre a dar un paseo, y yo sabía que este era el momento perfecto para lo que tenía que hacer. Tomé el teléfono, mis manos temblaban mientras marcaba el número.
—¿Jhoss? —La voz de Nicolás al otro lado de la línea sonaba sorprendida—. ¿Qué necesitas?
—Necesito que vengas a verme. Es importante —le respondí, tratando de sonar más fuerte de lo que