Sí mal no recuerdo, se llamaba síndrome de Alejandría, nunca los había visto tan de cerca y para ser sincera le daba un hermoso toque a su cara, haciéndolo lucir más perfecto, si es que se podía.
—Buenos días señorita, tome asiento por favor
Salgo de mi trance y hago lo que dice, pero sentía su mirada encima de mi todo el tiempo, la verdad estaba nerviosa.
—Cuéntenme de usted, y todo lo que sabe hacer en el ámbito profesional
—Bueno soy contadora, también me especialice en el área de empresaria