Las horas se hicieron eternas, pero finalmente todo estaba listo. Después de varios días de trámites, conversaciones legales y noches en vela, el abogado del hospital me informó que la bebé oficialmente llevaba mi apellido: Josselyn Longaset. Mi corazón latía con fuerza al escuchar ese nombre. Era como si, de alguna manera, ella siempre hubiera sido parte de mí, incluso antes de que todo esto ocurriera.
La enfermera la trajo envuelta en una manta blanca, tan pequeña, tan frágil. Sus ojos apenas