Antes de subir a la habitación, lo vi.
Estaba cruzando el corredor interior hacia las escaleras — ya pasaban de las diez, la hacienda había empezado su proceso de silencio nocturno, las luces de los corredores reducidas a las de emergencia que Perla dejaba encendidas por hábito. Iba con la cabeza en otra parte, pensando en la conversación con Sael y en lo que había escrito en la agenda y en la pregunta que todavía no me había hecho en voz alta.
Me detuve en la ventana que da al jardín sur. No s