POV: Dante
El establo olía a heno y a cuero y al aceite que usaba para mantener las sillas de montar que nadie usaba.
Llevaba dos horas ahí.
No porque tuviera algo que hacer: la revisión del equipo ya estaba terminada, los boxes limpios, el agua cambiada.
Se quedó porque en el establo el silencio tenía una calidad diferente al de la hacienda. Más honesto. Los caballos no leían estados emocionales ni vibraban con lo que él producía. Estaban. Nada más.
Eso, para alguien que llevaba ciento cincuen