(POV: Dante)
Llevaba dos horas en los establos sin razón declarada.
No era la primera vez. Los establos de noche tenían una quietud específica que el resto de la hacienda no ofrecía: sin el peso de las conversaciones pendientes, sin el olor de la correspondencia y los documentos del despacho de Luciano, sin la presencia constante de Sael moviéndose entre las habitaciones con esa ligereza suya que a mí me resultaba más ruidosa de lo que él creía.
Los caballos a estas horas dormían o estaban próx