(Sael — ala sur, establos reconvertidos, media tarde)
Llevaba veinte minutos afilando una herramienta que no necesitaba filo.
Era un formón de carpintería que Dante había dejado sobre la mesa de trabajo y que Sael había cogido sin propósito específico, pasando la piedra de afilar sobre el filo con el movimiento mecánico de alguien que necesita que las manos estén ocupadas mientras el cerebro trabaja en otra cosa.
El cerebro trabajaba en Valentina.
Eso, por sí solo, ya era información.
Ochenta y