Los llamé yo.
Eso no había pasado antes.
Los tres llegaron al estudio en menos de diez minutos. Luciano primero, con la misma expresión que traía al cerrar los documentos cuando los funcionarios se fueron: fría, táctica, ya procesando.
Dante después, con las manos todavía con restos de madera en los nudillos. Sael el último, cerrando la puerta detrás de él sin hacer ruido.
Me quedé de pie junto a la ventana. No me senté porque no quería que la disposición de la sala diera la impresión equivocad