CAPÍTULO 106 — "El inventario"

Amanecía cuando terminamos.

Habíamos pasado de la biblioteca al comedor en las cuatro de la mañana, sin anunciarlo, simplemente porque las sillas eran más cómodas y porque necesitaba una superficie donde escribir mientras Perla hablaba.

Lo que había en el papel al final no era poco.

Rutinas de la hacienda: horarios, perímetros, turnos de presencia de cada hermano. Estado de la cláusula del testamento en cada momento relevante.

Conversaciones que Perla había escuchado en puertas no del todo cerr
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