Resistí el impulso de acariciar mi clítoris. Ya estaba cerca del orgasmo, y él ni siquiera me había tocado todavía.
Asher tiró de mi cabeza hacia atrás hasta que me miró fijamente a los ojos llenos de lágrimas.
—Voy a follar esa boca tuya hasta que el único sonido que seas capaz de hacer sea el de ti atragantándote con mi polla —sentenció con calma.
Me quitó una lágrima con el pulgar. Un escalofrío me recorrió la columna ante el contraste entre su amenaza letalmente suave y su tacto tierno.