Ariella
Por un momento, nadie se movió. El único sonido era el ruido distante del almacén, los gritos de los hombres, el movimiento de las armas y la respiración pesada de todos los presentes.
Bastian se le quedó mirando a Yuri. Un músculo de su mandíbula se contrajo.
—No te atreverías.
Yuri sonrió.
—¿Qué no me atrevería? —miró a su alrededor a los hombres armados que nos rodeaban—. Pareces olvidar algo, hermanito. No eres el único que sabe jugar a esto.
Los ojos de Bastian se entrec