El amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación de Lilith cuando un alboroto en el patio principal de la mansión la despertó. Voces alteradas y pasos apresurados resonaban por los pasillos. Se incorporó de golpe, con todos sus sentidos en alerta. Algo estaba ocurriendo.
Se vistió rápidamente con unos jeans ajustados y una blusa negra que resaltaba su figura. Mientras se calzaba las botas, escuchó un rugido inconfundible. Damián. Su voz de alfa retumbaba en las paredes, pero no era una