La soledad siempre había sido mi aliada. En ella encontraba claridad, poder, control. Pero ahora, encerrado en mis aposentos mientras la tormenta azotaba los ventanales de la mansión, la soledad se había convertido en mi verdugo.
Tres días. Tres días desde que Lilith me había mirado con aquellos ojos que ya no mostraban miedo, sino una fuerza que me resultaba tan fascinante como aterradora. Tres días desde que su aroma había cambiado, revelando algo que desafiaba todo lo que creía saber sobre n