La madrugada tenía la densidad de una verdad pendiente.
Sebastián se quedó despierto mirando la calle como si pudiera encontrar en el asfalto una respuesta que los archivos no le dieron. Unos tonos apagados de la ciudad se colaban por la ventana: luces que titilaban, un camión que pasaba de largo, el murmullo puntual de gente que vive porque ignora cómo se arma una guerra. Encendió otra taza de café sin quererla; estaba frío al primer sorbo. No por el sabor —el café siempre era café— sino porqu