Salí de nuevo al mediodía y tomé rutas largas para despistar. La operación requería paciencia y control emocional. Evité los movimientos teatrales; la sutileza era mi aliada. Llegué a un edificio administrativo donde, según mis cálculos, se operaba la logística financiera de Lazarus. Había cámaras en la entrada, una recepción automatizada y un control de acceso con tarjetas digitales. No era un lugar de ciencia visible; era de números y papeles que esconden vidas.
Entré por la puerta trasera co