El refugio improvisado era un pequeño departamento en un barrio modesto, alejado de las luces y del bullicio. Isabella se sentó en un rincón, con la mirada fija en el suelo, aún sintiendo el eco de los disparos y el olor a pólvora en el aire. Sebastián se arrodilló frente a ella, sus ojos reflejaban una mezcla de cansancio y determinación.
—Lo hicimos bien —dijo él, con voz suave—. Pero esto es solo el comienzo.
Isabella levantó la vista, encontrando en sus ojos la fuerza que necesitaba para seg