El sol se filtraba a través de las cortinas ligeras, dibujando líneas cálidas sobre el suelo de madera de la habitación. Isabella abrió los ojos con lentitud, permitiéndose un momento para saborear la calma que la rodeaba. Por primera vez en mucho tiempo, no había sobresaltos que la hicieran contener la respiración al despertar. Solo el murmullo del viento entre los árboles y la luz suave que bañaba el cuarto.
Se incorporó despacio, apoyando una mano sobre su vientre, todavía redondeado y firme