Los ojos de Carlos descendieron lentamente hasta el vientre abultado de Isabella. La expresión en su rostro cambió. La ira apareció de golpe, cruda, descontrolada.
—¿Estás embarazada? —escupió.
Isabella sostuvo su mirada. No iba a encogerse. No esta vez.
—Sí.
Carlos rió. Una risa hueca, desquiciada.
—De él, claro. Del salvador. Del héroe.
Dio un paso hacia ella. Isabella retrocedió otro, hasta que sintió la encimera presionándole la espalda. Sin dejar de mirarlo, deslizó una mano hacia atrás, t