Las luces de la ciudad aún parecían arder en los ojos de Isabella cuando por fin el auto se detuvo frente a un viejo edificio de ladrillo, casi olvidado entre la maleza y la humedad del barrio industrial. Sebastián bajó primero, echando un vistazo rápido a los alrededores antes de abrir la puerta para ella. El silencio del lugar era inquietante, apenas roto por el eco lejano de un tren nocturno y el chillido metálico de un poste eléctrico en mal estado.
—¿Aquí? —preguntó Isabella con el ceño fr