Los cuatro estaban tan absortos en lo que Tony les contaba y explicaba la comida que pensaba preparar para Soria, que no se dio cuenta que había una persona, una mujer, más precisa, esperando ser vista por algunos de ellos. Como eso jamás sucedió, decidió aclararse la garganta para llamar su atención.
—¡Ay, por Dios! Estamos parloteando y olvidamos que estamos en el trabajo —exclama Tony, levantándose rápido.
—Tranquilo boricua —le calma Lina.
—Mejor voy a mi puesto —entona él y abre camino hac