Mundo de ficçãoIniciar sessãoÉl, es Gaby Medina, nuestro morocho, el que nos ha robado más de una vez alguna sonrisa y el que también nos ha hecho llorar. Junto a Ian Russel está buscando el paradero de Christopher Donovan, que atenta contra la vida de Lina, su mejor amiga. Pero al mismo tiempo tiene una misión encomendada por Esposito, su superior. Debe infiltrarse a un club nocturno haciéndose pasar como strippers para detener la trata de blanca dirigida por la mafia. Pero todo se le complica cuando su superior, como castigo (algo que ya le había avisado que iba a pasarle si seguía molestando), lo puso junto a Noelia Alba a trabajar. Ella, es nueva en la división y es hija del fiscal de distrito. Desde que entró al departamento de policía, se llevó mal con Gaby, y la cosa no cambió. Todo comenzó por una estúpida disputa por el aparcamiento, lo que hizo que ambos prácticamente se odiasen y les sea difícil trabajar juntos. Él la molesta con su supremacía y ella lo molesta con su suficiencia. Ahora ambos están atrapados en la misma misión y tienen que actuar como si se quisieran o, por lo menos como si la pasaran bien teniendo sexo, cosa que no es verdad, ya que no llegan a tocarse ni un pelo. Bueno, no al principio. En medio de la balacera, fraude, humor y tristeza llegan a conocerse más. ¿Pero eso será suficiente como para que dejen sus diferencias y se rindan a lo de en verdad sienten? O, ¿al menos será suficiente para que comiencen a llevarse bien? Eso lo vamos a ir descubriendo de a poco junto a ellos. Aunque es de dudar si alguno sabe lo que siente.
Ler mais—Eres buena distrayendo —comenta Gaby buscando el vestido de su mujer. — ¿Dónde está? —pregunta para ella misma con la mirada en el piso. ¿Buscas esto? —cuestiona divertida Gaby levantando la tanga de la chica en su mano. —¿No me digas que la rompiste? —inquiere en media queja al tiempo que se la quita de la mano. —No mucho —murmura con una sonrisa tonta y esa sonrisa se amplía cuando ella estira la tanga frente a él mostrando que no servía ni para trapeador. —Ahora voy a andar el resto de la fiesta sin nada debajo del vestido —le hace saber tomando el vestido del suelo. —Y eso va a seguir distrayéndome el resto de la fiesta —entona divertido. —Seguro que a todos los que se den cuenta que no llevo ropa interior —suelta adrede y él frunce el ceño. —No puedes salir así —le reprende. —No voy a quedarme aquí —le hace saber ella. —Lo hubieras pensado antes de comenzar con tu distracción. —Lo hubieras pensado antes de romper mi ropa interior —replica ella y sale del cuarto antes que él pued
—¿Por qué me quieres lejos de los demás? —curiosoa Aye en cuanto Mateo la alejó de todos.—Quiero darte algo —le contesta—. Pero antes quiero que me respondas a una pregunta.—Está bien —asiente ella—. ¿Cuál es la pregunta?— ¿Quieres ser mi novia? —Esa pregunta deja perpleja a la joven—. No me mires así —le pide—. Sé que quizás no te lo esperabas, pero estoy cansado de hacer del tonto. Quiero que sepas lo que pasa contigo.—Y ¿qué es lo que te pasa conmigo? —interroga, no creyendo lo que escucha.—Muchas cosas —Le sonríe—. Vamos, deberías haberte dado cuenta, me gustas, me encantas, mejor dicho. Siempre fue así y lo he estado negando a toda costa, por eso muchas veces me he comportado como un idiota contigo —explica.—¿Has sido un idiota conmigo porque te gusto? —pregunta confundida.—Algo así —responde con un poco de vergüenza.—Eres raro, ¿lo sabías? —bromea ella. —Como si fueras muy normal —réplica él siguiendo la broma y Aye sonríe—. ¿Vas a contestarme? —preguntar.-Si.—Y entonc
3 años antes…—Está muerto —habló Gaby sentándose frente al escritorio de Ian—. Muerto y enterrado, está hecho.El rubio lo observó con una ceja elevada.—¿De quién hablas?—Mira —respondió quitando su teléfono del bolsillo—. Hubo una pequeña confusión cuando le compré el celular a Aye y por alguna extraña razón me llegan sus mensajes. Está todo el tiempo mandando mensajes.—La espías —acusó Ian entendiendo lo que el morocho hizo.—Es algo sin querer —se defendió con rapidez.—No tienes caso.En ese momento el celular comenzó a sonar.—Es él, ese tal Joel. ¿Qué clase de nombre es ese? —gruñó Gaby—. Todo el día le manda mensajes —Comenzó a leer—. "Buen día A" —Lo miró a Ian—. Su nombre es Ayelen, no A —siguió leyendo—. ¿"Qué dulces te gustan?" —Lo miró de nuevo a Ian y este escuchando—. Espera, ella le contesta. "Los Snickers" —Ian tapó su boca para no reír—. Ahí le contestó. "Que bien, a mí también" —Ian no se aguantó y se carcajeo—. ¿Qué son estos mensajes, he?—Son niños, Medina, ha
Lucas se acerca a Aye ya Mateo; poniéndose de puntitas de pie toca un poco fuerte el hombro de Mateo imitando lo que vio hacer a su tío cuando quería llamar la atención de Alex para dejarlo bailar con Aye, Mateo se gira y lo observa un poco confundido.—¿Qué quieres, enano?El niño frunce el cejo al escucharlo llamarlo enano.—No me llames enano, creo que no te di esa confianza.—Ustedes tienen problemas de actitud —masculla Mateo recordando a Aye de la misma edad de Lucas diciéndole prácticamente lo mismo cuando él la llamaba Peque—. ¿Qué quieres, Lucas? —corrige para satisfacción de ambos Betanckurt.—Es mi turno de bailar con mi hermana —responde, elevando la barbilla, provocando con eso que Mateo sonreía divertido.—¿Y sabes bailar Valls?—Por supuesto que sí —contesta el niño con la frente en alto y cruzando sus brazos al torso.—Bueno, si me lo pides de tan buena manera, es toda tuya, grandote —Accede sin dejar de sonreír, era obvio que le divertía demasiado esa situación y debí
Último capítulo