ANYA
Un olor a café me saca del sueño, y abro los ojos para encontrar a Lev sentado al borde de la cama, una bandeja en las manos. Pan tostado, mermelada, un vaso de jugo, y él mirándome con esos ojos grises que me derriten incluso a estas horas de la mañana.
Se inclina, sus labios rozan los míos, y joder, mi cuerpo se despierta más rápido que mi cabeza.
—Buenos días, Conejita —susurra, y su mano sube por mi pierna, caliente, posesiva, hasta detenerse en mi cadera.
Sonrío, todavía atontada, y